lunes, 2 de agosto de 2010

Adiós Cioran, adiós chico Wolf.


Emile Cioran (1911 - 1995)

Cruzamos pocas palabras. Admiraba sus dibujos. Lo malo es que no supe en qué momento tuvimos algo en común- Creí que no tenía nada que ver y resulté untada hasta el cuello. Ese chico Wolf se fue, ese chico era diferente a mí. Ese chico Wolf era sólo alguien más, pero su paso no fue etéreo. Gracias a él conocí a Cioran. Ese chico Wolf podía tener entonces, algo parecido a mí.

Hoy puede que él no esté, puede que aún permanezca tibio el fusil que disparó la única bala que voló sus cesos, puede que las lágrimas se derramen sobre la fría caja de madera y el pedazo de mármol. Pero ahí quedó el libro, de colores mestizos, esquinas deterioradas y un viejo separador en la página 50 que nunca moví; como si en el fondo supiera que algún día tendría que devolverlo. Ése libro, me hizo abrir los ojos, me mostró el borde de la existencia, el porqué de todo, el cómo la vida se va en un segundo, me mostró quién era Emile Cioran.

Hoy no lloro su partida porque fueron pocas las palabras que cruzamos, pero si la lamento. Me hubiera gustado hablar con él sobre Cioran, saber qué pensaba y el por qué esas líneas subrayaban algunos párrafos del prólogo. Hoy me siento triste porque el libro que creí mío, era un simple préstamo; debe volver de nuevo al lugar de donde salió: A él o a sus lúgubres pertenencias.

Chico Wolf, donde quiera que estés, no te olvides que gracias a ti conocí este libro que cambio mi vida y que lo cuidé como el mas invaluable tesoro. Admiro tu valentía, aunque en cierta parte contradigas a Cioran. Te faltó poco llegar a ese capítulo, porque según él la muerte repugna tanto como la vida, y por algo, murió de viejito, pero su legado continúa; continúaba en un estante de mi biblioteca, que unos años antes era parte de la tuya, y hoy en ese inmenso vacío que me deja.

Hoy solo agradezco a la vida haber salvado al libro, a ti chico por tener el valor de desprendértelo, a todo ese conjuro que me hizo conocer a Cioran. Chico Wolf, puede que tuvieras el agua al cuello, que la existencia se convirtiera en la peor de tus desgracias, y no discutiré las razones. Pero si me ha de servir tu paso por este mudo, es que gracias a ti, supe qué era la verdadera cima de la desesperación.
¿Será que aprendí la lección mejor que tú?

Creí que no tenía nada que ver
y resulté untada hasta el cuello.
Siento que muero de a poco
inyectándome cianuro en pequeñas dosis.

Me gusta recordar,
me aterraría vivir.

La miseria de estar vivo,
el temor de estar muerto,
las lúgubres palabras,
un mal poema.

Las manos frías
El corazón que no late.
Una bala solo da el fin
Vivir es solo el principio

¿Habrá algo más aterrador que la muerte?

Pasar inadvertido por el mundo
saber si ha de ser cierto.
Morir, vivir
encontrarle a todo un maldito sentido.

A veces prefiero no haber nacido.

Si se continúa viviendo, es únicamente gracias a la escritura, la cual alivia, objetivando, esa tensión sin límites. E.M. Ciorán.
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